Corrió hacia su casa, y contra su costumbre, (pues era hombre que comunmente prefería despernarse á gastar una peseta) tomó un coche para llegar más pronto. El corazón dió en decirle que encontraría buenas noticias, el enfermo aliviado, la cara de Rufina sonriente al abrir la puerta; y en su impaciencia loca, parecíale que el carruaje no se movía, que el caballo cojeaba y que el cochero no
sacudía
Sacudir: 'Castigar á uno con golpes' (DRAE, 1884).
bastantes palos al pobre animal..... «
Arrea
¡Arrea!: 'Interjección familiar que se emplea para meter prisa' (DRAE, 1884).
, hombre. ¡Maldito jaco!
Leña en él
Leña en él: Según Lassaletta (1974: 41) es 'familiar por por «castigo, paliza» (DA).'
—le gritaba.—Mira que tengo mucha prisa.»
Llegó por fin; y al subir jadeante la escalera de su casa, razonaba sus esperanzas de esta manera: «No salgan ahora diciendo que es por mis maldades, pues de todo hay.....» ¡Qué desengaño al ver la cara de Rufina tan triste, y al oir aquel lo mismo papá, que sonó en sus oídos como fúnebre campanada! Acercóse de puntillas al enfermo y le examinó. Como el pobre niño se hallara en aquel momento amodorrado, pudo D. Francisco observarle con relativa calma, pues cuando deliraba y quería echarse del
Aquella tarde, le acompañaron un rato Bailón, el carnicero de abajo, el sastre del principal y el fotógrafo de arriba, esforzándose todos en consolarle con las frases de reglamento; mas no acertando Torquemada á sostener la conversación sobre tema tan triste, les daba las gracias con sequedad. Todo se le volvía suspirar con bramidos, pasearse á trancos, beber buches de agua y dar algún puñetazo en la pared. ¡Tremendo caso aquél! ¡Cuántas esperanzas desvanecidas!.... ¡Aquella flor del mundo segada y marchita! Esto era para volverse loco. Más natural sería el desquiciamiento universal que la muerte de aquel portentoso niño que había venido á la tierra para iluminarla con su talento..... ¡Bonitas cosas hacía Dios, la Humanidad, ó quien quiera que fuese el muy tal y cual que inventó el mundo y nos puso en él! Porque si habían de llevarse á Valentín, ¿para qué le trajeron acá, dándole á él,
ponerles como ropa de pascua
Ponerles como ropa de pascua: fr. fig y fam. Equivale a 'poner a uno como chupa de dómine o un trapo', es decir 'reprenderle agriamente, decirle palabras sensibles ó enojosas' (DRAE, 1884).
y mandarles á paseo?.... Si Valentín se moría, ¿qué quedaba en el mundo? Obscuridad, ignorancia. Y para el padre, ¡qué golpe! Porque figurémonos todos lo que sería D. Francisco cuando su hijo, ya hombre, empezase á figurar, á confundir á todos los sabios, á volver
patas arriba
Patas arriba: 'Frase figurativa y familar con que se da á entender el desconcierto ó tratorno de una cosa' (DRAE, 1884).
la ciencia toda....! Torquemada sería en tal caso la segunda persona de la Humanidad, y sólo por la gloria de haber engendrado al gran matemático, sería cosa de plantarle en un trono. ¡Vaya un ingeniero que sería Valentín si viviese! Como que había de hacer unos ferrocarriles que irían de aquí á Pekín en cinco minutos, y globos para navegar por los aires, y
barcos para andar por debajito del agua
Barcos para andar por debajito del agua: Es posible que sea una referencia a la invención del submarino 'El Peral' (1887) por Isaac Peral (1851-95). Aunque las pruebas que se realizaron entre 1889 y 1890 fueron favorables, el Ministro de Marina produjo un informe desfavorable, lo que condujo al retiro de Peral y el proyecto se trasladó a Alemania.
(Imagen reproducida de http://www.cartagena-virtual.com/graduadas_gisbert/imagenesterra/submarino.JPG).
Las cartas de Galdós del 10 de enero de 1889 (lleva la fecha del autor del 12 de febrero de 1889, Obras inéditas, VII, 192-95) y del 27 de marzo de 1889 (lleva la fecha del autor del 6 de marzo de 1889, Obras inéditas, VII, 196-97), publicadas en La Prensa se ocupan de las pruebas antesmencionadas. Más tarde escribe de las pruebas y la consecuente actitud pública (carta publicada el 18 de octubre de 1890; lleva la fecha del autor del 8 de septiembre de 1890): 'Resulta, según los sabios llamados a sentenciar sobre el submarino, que éste [el Peral] no es tal submarino, sino simplemente un torpedero sumergible; que en él quedan sin resolver dos problemas capitalísimos: el de la navegación bajo las aguas y el de la visualidad. [...] Parécenos que deben admitirse como buenas las desconfianzas de la comisión técnica, pero de ningún modo debe darse por insoluble el problema. El primer paso está dado, y porque este paso no haya sido decisivo, no debemos desanimarnos ni plantarnos a mitad del camino. La opinión pública, después de acalorarse extremadamente con el invento de Peral, se ha enfriado, quizás con exceso; pero en el sentimiento general del país no se puede dar por fracasada la tentativa.' (414) (Carta 144, Las cartas desconocidas de Galdós en "La Prensa" de Buenos Aires, ed. por W.H. Shoemaker (Madrid: Ediciones Cultural Hispanica, 1973),408-15)
, y otras cosas nunca vistas ni siquiera soñadas. Y el planeta se iba á perder estas gangas por una estúpida sentencia de los que dan y quitan la vida..... Nada, nada, envidia, pura envidia. Allá arriba, en las invisibles cavidades de los altos cielos, alguien se había propuesto fastidiar á Torquemada. Pero..... pero..... ¿y si no fuese envidia, sino castigo? ¿Si se había dispuesto así para anonadar al tacaño cruel, al casero tiránico, al prestamista sin entrañas? ¡Ah! cuando esta idea entraba en turno, Torquemada sentía impulsos de correr hacia la pared más próxima y estrellarse contra ella. Pronto se reaccionaba y volvía sobre sí. No, no era castigo, no podía ser castigo, porque él no era malo, y si lo fué, ya se enmendaría. Era envidia,
tirria
Tirria: fam. 'Manía ó tema que se toma contra uno, oponiéndose á él en cuanto dice ó hace' (DRAE, 1884).
y malquerencia que le tenían, por ser autor de tan soberana eminencia. Querían
Cuando se quedó solo con él, Bailón le dijo que era preciso tuviese filosofía; y como Torquemada no entendiese bien el significado y aplicación de al palabra, explanó la sibila su idea en esta forma: «Conviene resignarse, considerando nuestra pequeñez antes estas grandes evoluciones de la materia..... pues, ó substancia vital. Somos átomos, amigo D. Francisco, nada más que unos tontos de átomos. Respetemos las disposiciones del grandísimo Todo á que pertenecemos, y vengan penas. Para eso está la filosofía, ó, si se quiere, la religión: para hacer pecho á la adversidad. Pues si no fuera así, no podríamos vivir.» Todo lo aceptaba Torquemada menos resignarse. No tenía en su alma la fuente de donde tal consuelo pudiera salir, y ni siquiera lo comprendía. Como el otro, después de haber comido bien, insistiera en aquellas ideas, á Don Francisco se le pasaron ganas de darle un par de
trompadas
Trompada: fam. 'Golpe dado con la trompa' (DRAE, 1884).
, destruyendo en un punto el perfil más enérgico que dibujara Miguel Ángel. Pero no hizo más que mirarle con ojos terroríficos, y el otro se asustó, y
puso punto en
Poner punto en algo: 'Dejar de hablar' (Lassaletta, 1974: 155).
sus teologías.
Á prima noche, Quevedito y el otro médico hablaron á Torquemada en términos desconsoladores. Tenían poca ó ninguna esperanza, aunque no se atrevían á decir en absoluto que la habían perdido, y dejaban abierta la puer-
Salió como si fuera en persecución de un deudor. Después de mucho andar, parábase en una esquina, miraba con azoramiento á una parte y otra, y vuelta á correr calle adelante, con paso de inglés tras de su víctima. Al compás de la marcha, sonaba en la pierna derecha el re-
uno de esos mendigos decentes
Uno de esos mendigos decentes: Véase Antonio Fernández García y Angel Bahamonde Magro, 'La sociedad madrileña en el siglo XIX', en Historia de Madrid, dir. por Fernández García, A. (Madrid: Ediciones Complutense, 1993), 479-514 (505-06). 'Es preciso [...] distinguir entre el pobre involuntario y el mendigo voluntario. El primero respondería a un contexto en el que las posibilidades de integración social están encenagadas por las dificultades del crecimiento de una ciudad industrial. El segundo tipo responde a una filosofía de vida radicalmente diferente, en la que se entremezclan manifestaciones de rechazo social, en forma de contracultura no elaborada, pero sí expresada en un código de conducta contraria a la moral del trabajo. [...] Por otra parte, las relaciones sociales clásicas de la ciudad preindustrial favorecen la mendicidad voluntaria. Téngase en cuenta que las instituciones de beneficencia o la caridad practicada por la nobleza y las clases medias aseguran un mínimo vital de ingresos, ya sea en forma de sopa boba conventual, de socorros en especie, o a través de otros mecanismos similares, a los trabajadores con menor grado de calificación. La clientela mendiga de cualquier noble madrileño puede obtener a base de estas prácticas un jornal de 5 o 6 reales diarios que no se diferencia cuantitativamente del percibido por los jornaleros menos cualificados, incluso puede tener una mayor seguridad en la obtención de estos ingresos.
Imagen de un mendigo de c.1885 reproducida de http://www.fundacion.telefonica.com/at/photoes/fotoxix.html
que piden, sombrero en mano, con lacrimosa cortesía. «Señor, un pobre cesante.—Tenga; tenga más. Aquí estamos los hombres caritativos para acudir á las miserias..... Dígame: ¿no me pidió usted noches pasadas? Pues sepa que no le dí porque iba muy de prisa. Y la otra noche y la otra tampoco le dí porque no llevaba suelto: lo que es voluntad la tuve, bien que la tuve.» Claro es que el cesante pordiosero se quedaba viendo visiones, y no sabía cómo expresar su gratitud. Más allá, salió de un callejón la fantasma. Era una mujer que pide en la parte baja de la calle de la Salud, vestida de negro, con un velo espeso que le tapa la cara. «Tome, tome, señora..... Y que me digan ahora que yo jamás he dado una limosna. ¿Le parece á usted qué calumnia? Vaya, que ya habrá usted reunido bastantes cuartos esta noche. Como que hay quien dice que pidiendo así, y con ese velo por la cara, ha reunido usted un capitalito. Retírese ya, que hace mucho frío..... y ruegue á Dios por mí.» En la calle del Carmen, en la de Preciados y Puerta del Sol, á todos los chiquillos que salían dió su
perro
Perro: Según Lassaletta (1974: 39), 'El origen de esta designación se deriva de la imagen de un león acuñada en las monedas de diez y cinco céntimos, que el pueblo tomó por un perro. Así es como estas monedas vinieron a ser llamadas «perro gorda» y «perro chica».'
por barba. «¡Eh! niño, ¿tú pides ó qué haces ahí, como un bobo?» Esto se lo dijo á un chicuelo que estaba arrimado á la pared, con las manos á la espalda, descalzos los pies, el pescuezo envuelto en una bufanda. El muchacho alargó la mano aterida. «Toma..... Pues qué, ¿no te decía el corazón que yo había de venir á socorrerte? ¿Tienes frío y
pesetas
Peseta: 'Moneda de plata con peso de cinco gramos, que vale cuatro reales [...]' (DRAE, 1884). Según Díez de Revenga (2000: 103), 'se acuñaban, tan sólo desde 1869, con el Gobierno Provisional. La moneda era de 5 gramos de plata y en la época de la novela hubo acuñación con la efigie de Alfonso XII en 1876.'
, medios duros y
duros
Duro: Equivale a cinco pesetas. Según Díez de Revenga (2000: 103), 'La moneda era de plata de 25 gramos (hubo emisiones, desde 1869, casi todos los años, y en los días de la novela, en 1875, 1876, 1877 y 1878 con la efigie de Alfonso XII). La más popular era la del Gobierno Provisonal (1869 y 1870), en cuyo anverso se reproducía una alegoría de la República, mujer sedente con corona mural. Eran conocidos como los duros del tío sentado.'
. Al insigne prestamista le pasó por la cabeza lo siguiente: «Como se ponga bueno, me ha de ajustar esta cuenta: si acuñáramos todas las estrellas del cielo, ¿cuánto producirían al 5 por 100 de interés compuesto en los siglos que van desde que todo eso existe?»
Entró en su casa cerca de la una, sintiendo algún alivio en las congojas de su alma; se adormeció vestido, y á la mañana del día siguiente la fiebre de Valentín había remitido bastante. ¿Habría esperanzas? Los médicos no las daban sino muy vagas y subordinando su fallo al recargo de la tarde. El usurero, excitadísimo, se abrazó á tan débil esperanza como el náufrago se agarra á la flotante astilla. Viviría, ¡pues no había de vivir!
—Papá—le dijo Rufina llorando,—pídeselo á la Virgen del Carmen, y déjate de Humanidades.
—¿Crees tú?.... Por mí no ha de quedar. Pero te advierto que no habiendo buenas obras no hay que fiarse de la Virgen. Y acciones cristianas habrá, cueste lo que cueste: yo te lo aseguro. En las obras de misericordia está todo el intríngulis. Yo vestiré desnudos, visitaré enfermos, consolaré tristes..... Bien sabe Dios que esa es mi voluntad, bien lo sabe..... No salgamos después con la peripecia de que no lo sabía..... Digo, como saberlo, lo sabe..... Falta que quiera.
Vino por la noche el recargo, muy fuerte. Los calomelanos y revulsivos no daban resultado alguno. Tenía el pobre niño las piernas abrasadas á
sinapismos
Sinapismo: Med. 'Tópico hecho con polvo de mostaza' (DRAE, 1884).
, y la cabeza hecha una lástima con las embrocaciones para obtener la erupción artificial. Cuando Rufina le cortó el pelito por la tarde, con objeto de despejar el cráneo, Torquemada oía los tijeretazos como si se los dieran á él en el corazón. Fué preciso comprar más hielo para ponérselo en vejigas en la cabeza, y después hubo que traer el iodoformo; recados que el Peor desempeñaba con ardiente actividad, saliendo y entrando cada poco tiempo. De vuelta á casa, ya anochecido, encontró, al doblar la esquina de la calle de Hita, un anciano mendigo y haraposo, con pantalones de soldado, la cabeza al aire, un andrajo de chaqueta por los hombros, y mostrando el pecho desnudo. Cara más venerable no se podría encontrar sino en las estampas del
Año cristiano
Año cristiano: 'Libro religioso muy usado en los hogares españoles, que contiene las devociones, la vida de los santos y explicación de ritos y festividades de los días del año en la religión católica' (A. del Río, 1932: 120).
. Tenía la barba erizada y la frente llena de arrugas, como
San Pedro
San Pedro: Según Sainz de Robles ('Ensayo de un censo de personajes galdosianos', 1961: 2016), aparece en Gloria, La familia de León Roch, El amigo Manso, Fortunata y Jacinta, Miau, La incógnita, Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz, Torquemada y San Pedro, Angel Guerra, Tristana, La loca de la casa, Los condenados, Voluntad y La fiera.
, el cráneo terso, y dos rizados mechones blancos en las sienes. «Señor, señor—decía con el temblor de un frío intenso,—mire cómo estoy, míreme.» Torquemada pasó de largo, y se detuvo á poca distancia; volvió hacia atrás, estuvo un rato vacilando, y al fin siguió su camino. En el cerebro le fulguró esta idea: «Si conforme traigo la capa nueva, trajera la vieja.....»