Estaba el hombre fuera de sí, delirante; y sin echar de ver que la vieja se había largado a buen paso de la habitación, siguió hablando como si delante la tuviera.
Caía la tarde, y la obscuridad reinaba ya en torno del infeliz tacaño, cuando éste oyó claro y distinto el grito de pavo real que Valentín daba en el paroxismo de su altísima fiebre. «¡Y decían que estaba mejor!.... Hijo de mi alma..... Nos han vendido, nos han engañado.
Rufina entró llorando en la estancia de la fiera, y le dijo: «¡Ay, papá, qué malito se ha puesto; pero ¡qué malito!
—¡Ese
trasto
Trasto: fig. y fam. 'Persona informal y de mal trato' (DRAE, 1884).
de Quevedo!—gritó Torquemada llevándose un puño a la boca y mordiéndoselo con rabia.—Le voy a sacar las entrañas..... Él nos le ha matado.
—Papá, por Dios, no seas así..... No te rebeles contra la voluntad de Dios..... Si Él lo dispone.....
—Yo no me rebelo ¡puñales! yo no me rebelo. Es que no quiero, no quiero dar a mi hijo, porque es mío, sangre de mi sangre y hueso de mis huesos.....
—Resígnate, resígnate, y tengamos conformidad,—exclamó la hija, hecha un mar de lagrimas.
—No puedo, no me da la gana de resignarme. Esto es un robo..... Envidia, pura envidia. ¿Qué tiene que hacer Valentín en el cielo? Nada, digan lo que dijeren, pero nada..... Dios, ¡cuánta mentira, cuánto embuste! Que si cielo, que si infierno, que si Dios, que si diablo, que si.....
tres mil rábanos
Tres mil rábanos: 'Frase despectiva con valor de interjección, sin significado especial' (A. del Río, 1932: 125).
. Y la muerte, esa muy
pindonga
Pindonga: fam. 'Mujer callejera' (DRAE, 1884).
de la muerte, que no se acuerda de tanto pillo, de tanto imbécil, y se le antoja mi niño, por ser lo mejor que hay en el mundo..... Todo está mal, y el mundo es un asco, una grandísima porquería.
Rufina se fue y entró Bailón, trayéndose una cara muy compungida. Venía de ver al enfermito, que estaba ya agonizando, rodeado de algunas vecinas y amigos de la casa. Disponíase el clerizonte a confortar al afligido padre en aquel trance doloroso, y empezó por darle un abrazo, diciéndole con empañada voz: «Valor, amigo mío, valor. En estos casos se conocen las almas fuertes. Acuérdese usted de aquel gran filósofo que espiró en una cruz dejando consagrados los principios de la Humanidad.
—Qué principios ni qué..... ¿Quiere usted marcharse de aquí, so chinche?.... Vaya que es de lo más pelmazo y cargante y apestoso que he visto. Siempre que estoy angustiado me sale con esas retóricas.
—Amigo mío, mucha calma. Ante los designios de la Naturaleza, de la Humanidad, del gran Todo, ¿qué puede el hombre? ¡El hombre! esa hormiga; menos aún, esa pulga..... todavía mucho menos.
—Ese
coquito
Coco: 'Fantasma que se figura para meter miedo á los niños' (DRAE, 1884).
..... menos aún, ese..... ¡puñales!—agregó Torquemada con sarcasmo horrible, remedando la voz de la sibila y enarbolando después el puño cerrado.—Si no se calla le rompo la cara..... Lo mismo me da a mí el grandísimo todo que la grandísima nada y el muy piojoso que la inventó. Déjeme, suélteme, por la condenada alma de su madre, ó.....
Entró Rufina otra vez, traída por dos amigas suyas, para apartarla del tristísimo espectáculo de la alcoba. La pobre joven no podía sostenerse. Cayó de rodillas exhalando gemidos, y al ver a su padre forcejeando con Bailón, le dijo: «Papá, por Dios, no te pongas así. Resígnate..... yo estoy resignada, ¿no me ves?.... El pobrecito..... cuando yo entré..... tuvo un instante ¡ay! en que recobró el conocimiento. Habló con voz clara, y dijo que veía a los ángeles que le estaban llamando.
—¡Hijo de mi alma, hijo de mi vida!—gritó Torquemada con toda la fuerza de sus pulmones, hecho un salvaje, un demente,—no vayas, no hagas caso; que esos son unos pillos que te quieren engañar..... Quédate con nosotros.....
Dicho esto, cayó redondo al suelo, estiró una pierna; contrajo la otra y un brazo. Bailón, con toda su fuerza no podía sujetarle, pues desarrollaba un vigor muscular inverosímil. Al propio tiempo soltaba de su fruncida boca un rugido feroz y espumarajos. Las contracciones de las extremidades y el pataleo eran en verdad horrible espectáculo: se clavaba las uñas en el cuello hasta hacerse sangre. Así estuvo largo rato, sujetado por Bailón y el carnicero, mientras Rufina, transida de dolor, pero en sus cinco sentidos, era consolada y atendida por Quevedito y el fotógrafo. Llenóse la casa de vecinos y amigos, que en tales trances suelen acudir compadecidos y serviciales. Por fin tuvo término el patatús de Torquemada, y caído en profundo sopor que a la misma muerte, por lo quieto, se asemejaba, le cargaron entre cuatro y le arrojaron en su lecho. La tía Roma, por acuerdo de Quevedito, le daba friegas con un cepillo, rasca que te rasca, como si le estuviera sacando lustre.
Valentín había espirado ya. Su hermana, que quieras que no, allá se fue, le dió mil besos, y, ayudada de las amigas, se dispuso a cumplir los últimos deberes con el pobre niño. Era valiente, mucho más valiente que su padre, el cual, cuando volvió en sí de aquel tremendo síncope, y pudo enterarse de la completa extinción de sus esperanzas, cayó en profundísimo abatimiento físico y moral. Lloraba en silencio, y daba unos suspiros que se oían en toda la casa. Transcurrido un buen rato, pidió que le llevaran café con media tostada, porque sentía debili-
no se necesitan alforjas
No se necesitan alforjas: 'Expresión figurativa y familiar con que se contesta al que, creyendo auydar á otro en una pretensión, le da arbitrios que están al alcance de cualquiera; ó cuando uno ofrece su protección en asunto fácil de ejecutar ó conseguir' (DRAE, 1884).
. Vean de qué le vale a uno ser más bueno que el pan, y sacrificarse por los desgraciados, y hacer bien á los que
no nos pueden ver ni en pintura
No poder ver ni en pintura: Probablemente equivale a no poder ver a uno pintado o ni pintado, que tiene el sentido de 'Aborrecerle con tanto extremo, que ofende el verle ú oirle' (DRAE, 1884). Según Lassaletta (1974: 92), 'En esta locución el ver con los ojos es un sustituto del amar con el ánimo, lo que nos prueba una vez más la tendencia del lenguaje coloquial a suplantar lo abstracto por lo concreto y comprobable con los sentidos. [...] La locución es susceptible de una amplificación humorística [...].'
..... Total, que lo que pensaba emplear en favorecer a cuatro pillos..... ¡mal empleado dinero, que había de ir a parar a las tabernas, a los garitos y a las casas de empeño!.... digo que esos dinerales los voy a emplear en hacerle a mi hijo del alma, a esa gloria, a ese prodigio que no parecía de este mundo, el entierro más lucido que en Madrid se ha visto. ¡Ah, qué hijo! ¿No es dolor que me le hayan quitado? Aquello no era hijo, era un diosesito que engendramos a medias el Padre Eterno y yo..... ¿No creen ustedes que debo hacerle un entierro magnífi-
Con estos proyectos de vanidad, excitóse el hombre, y a eso de las nueve de la mañana, levantado y vestido, daba sus disposiciones con aplomo y serenidad. Almorzó bien; recibía a cuantos amigos llegaban a verle, y a todos les endilgaba la consabida historia: «Conformidad..... ¡Qué le hemos de hacer!.... Está visto: lo mismo da que usted se vuelva santo que se vuelva usted
Judas
Judas: El apóstol que traicionó a Cristo. Según Sainz de Robles (1961: 1871), aparece en Doña Perfecta, La desheredada, Tormento, Fortunata y Jacinta, Miau, Realidad, Torquemada en la hoguera, Angel Guerra, Nazarín, La loca de la casa, Casandra, El artículo de fondo, La fiera, Mariucha, Bárbara y Celia en los infiernos.
, para el caso de que le escuchen y le tenga misericordia..... ¡Ah, misericordia!.... Lindo anzuelo sin sebo para que se lo traguen los tontos.»
Y se hizo el lujoso entierro, y acudió a él mucha y lucida gente, lo que fue para Torquemada motivo de satisfacción y orgullo, único bálsamo de su hondísima pena. Aquella lúgubre tarde, después que se llevaron el cadáver del admirable niño, ocurrieron en la casa escenas lastimosas. Rufina, que iba y venía sin consuelo, vio a su padre salir del comedor con todo el bigote blanco, y se espantó creyendo que en un instante se había llenado de canas. Lo ocurrido fue lo siguiente: fuera de sí, y acometido de un espasmo de tribulación, el inconsolable padre fue al comedor y descolgó el encerado en que estaban aún escritos los problemas matemáticos; y tomándolo por retrato que fielmente le reproducía las facciones del adorado hijo, estuvo larguísimo rato dando besos sobre la fría tela negra, y estrujándose la cara contra ella, con lo que la tiza se le pegó al bigote mojado de lágrimas, y el infeliz tacaño parecía haber envejecido súbitamente. Todos los presentes se maravillaron de esto, y hasta se echaron a llorar. Llevóse D. Francisco a su cuarto el encerado, y encargó a un dorador un marco de todo lujo para po-
Al día siguiente, el hombre fue acometido, desde que abrió los ojos, de la fiebre de los negocios terrenos. Como la señorita había quedado muy quebrantada por los insomnios y el dolor, no podía atender a las cosas de la casa: la asistenta y la incansable tía Roma la sustituyeron hasta donde sustituirla era posible. Y he aquí que cuando la tía Roma entró a llevarle
el chocolate
El chocolate: En 'Madrid' (artículo se incluye en Obras inéditas, ed. por Alberto Ghiraldo, 10 tomos (Madrid: Renacimiento, 1923), I (Fisonomías sociales): 50-65), lo describe Galdós como 'artículo de extremada importancia en toda España, y en Madrid particularmente.'
al gran inquisidor, ya estaba éste en planta, sentado a la mesa de su despacho, escribiendo números con mano febril. Y como la bruja aquélla tenía tanta confianza con el señor de la casa, permitiéndose tratarle como a igual, se llegó a él, le puso sobre el hombro su descarnada y fría mano, y le dijo: «Nunca aprende..... Ya está otra vez preparando los trastos de ahorcar. Mala muerte va usted a tener, condenado de Dios, si no se enmienda.» Y Torquemada arrojó sobre ella una mirada que resultaba enteramente amarilla, por ser en él de este color lo que en los demás humanos ojos es blanco, y le respondió de esta manera: «Yo hago lo que me da mi santísima gana, so mamarracho, vieja más vieja que la Biblia. Lucido estaría si consultara con tu necedad lo que debo hacer.» Contemplando un momento el encerado de las matemáticas, exhaló un suspiro y prosiguió así: «Si preparo los trastos, eso no es cuenta tuya ni de nadie, que yo me sé cuanto hay que saber de tejas abajo y aun de tejas arriba, ¡puñales! Ya sé que me vas a salir con el materialismo de la misericordia..... A eso te respondo que si
buenos memoriales eché
Echar memoriales: fam. 'Hacer peticiones' (A. del Río, 1932: 126).
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buenas y gordas calabazas me dieron
Dar calabazas: fam. 'Desairar ó rechazar la mujer al que la pretende ó requiere de amores' (DRAE, 1884). 'Denegar lo que se pide' (A. del Río, 1932: 126).
. La misericordia que yo tenga ¡....ñales! que me la claven en la frente.»