Vamos a otra cosa: Torquemada no era de esos usureros que se pasan la vida multi-
camastro
Camastro: despect. 'Lecho pobre y sin aliño' (DRAE, 1884).
lleno de pulgas y de billetes de banco metidos entre la paja, eran
los místicos ó metafísicos de la usura
Los místicos ó metafísicos de la usura: Es probable que Galdós se refiera a usureros como Gobseck. Sobre Galdós y Gobseck véase Manuel Suárez (1978) y Luis Fernández-Cifuentes (1982). Ambos críticos asocian a Torquemada con el mundo actual de la industria y la política, en contraste con Gobseck, que se relaciona con la 'usura metafísica'. También véase Folley (1978: 41-48) que nota que es evidente de las novelas de Balzac y Galdós, que el dinero tiene un papel más importante que la religión.
; su egoísmo se sutilizaba en la idea pura del negocio; adoraban la santísima, la inefable cantidad, sacrificando a ella su material existencia, las necesidades del cuerpo y de la vida, como el místico lo pospone todo a la absorbente idea de salvarse. Viviendo el Peor en una época que arranca de
la desamortización
La desamortización: La desamortización formaba parte de la política reformista de los liberales y los radicales. En 1836 Juan Alvarez de Mendizábal (1790-1853) inció el proceso al decretar la venta de los bienes de los religiosos. Según Mainer, (2002: 232), 'Su pretensión era arrancar la propiedad de la tierra de las «manos muertas» (la Iglesia) y, de ese modo, lograr un triple propósito: mayor tributación, más producción agrícola y, de modo relevante, crear una clase propietaria que fuera fiel a los intereses políticos del liberalismo en plena guerra carlista.' (Véase
. Imagen reproducida de 'Historia de Madrid. Siglos XIX-XX' (http://www.ucm.es/info/hcontemp/madrid/indexmadrid.htm), realizada por estudiantes de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, y dirigida por Luis Enrique Otero Carvajal)
En 'Divagando' (Obras inéditas, ed. por Alberto Ghiraldo, 10 tomos (Madrid: Renacimiento, 1923), I (Fisonomías sociales): 188-94), escribe Galdós, 'En nuestros tiempos, la liquidación religiosa es un hecho incontrovertible y contra el cual nada pueden las declamaciones sentimentales de los creyentes más o menos sinceros. La vida claustral, sobre todo, se acaba sin remedio.' (192) Sigue, 'Honda tristeza deja en el ánimo el espectáculo de aquellas venerables casas... Es un mundo que se acaba, que desaparecerá totalmente bien pronto. Toda grandeza terminada infunde piedad y respeto. ¡Pobres monjas! Ayer opulencia, arte, culto espléndido, fe; hoy abandono, miseria, ruinas, polvo, excepticismo.' (194)
, sufrió, sin comprenderlo, la metamorfosis que ha desnaturalizado la usura metafísica, convirtiéndola en positivista; y si bien es cierto, como lo acredita la historia, que desde el 51 al 68, su verdadera época de aprendizaje, andaba muy mal tra-
miseria
Miseria: 'Plaga pedicular producida de ordinario por el sumo desaseo de la persona á quien mortifica . (DRAE, 1884). 'Piojos' (A. del Río, 1932: 113).
, el sombrero con grasa,
la capa deshilachada
La capa deshilachada: Con respecto a la capa de Torquemada véase T. Folley (1972: 36), quien nota su asociación con la usuria.
; si bien consta también en las crónicas de la vecindad que en su casa se comía de vigilia casi todo el año, y que la señora salía a sus negocios con una toquilla agujereada y unas botas viejas de su marido, no es menos cierto que, alrededor del 70, la casa ya estaba en otro pie; que mi doña Silvia se ponía muy maja en ciertos días; que D. Francisco se mudaba de camisa más de una vez por quincena; que en la comida había menos carnero que vaca, y los domingos se añadía al cocido un despojito de gallina; que aquello de judías a todo pasto y algunos días
pan seco
Pan seco: Véase Angel Bahamonde Magro y Antonio Fernández García, 'La transformación de la economía', en Historia de Madrid, dir. por Fernández García, A., (Madrid: Ediciones Complutense, 1993), 515-47 (533-34): '[El rasgo principal de la dieta madrileña] era la primacía del pan, artículo básico de la dieta y preocupación constante de las autoridades responsables del abastecimiento. [...] Los conflictos con los tahoneros fueron constantes a lo largo de la centuria, porque la escasez de pan producía graves trastornos sociales.'
y salchicha cruda, fue pasando a la historia; que el estofado de contra apareció en determinadas fechas, por las noches, y también pescados, sobre todo en tiempo de blandura, que iban baratos; que se iniciaron en aquella mesa las chuletas de ternera y la cabeza de cerdo, salada en casa por el propio Torquemada, el cual era un famoso salador; que, en suma y para no cansar, la familia toda empezaba a tratarse como Dios manda.
Pues en los últimos años de doña Silvia, la transformación acentuóse más. Por aquella época cató la familia
los colchones de muelles
Los colchones de muelles: Según Caudet (I: 163). 'Los colchones de muelles eran anunciados, como última novedad, en 1852. En Los duendes de la camarilla (OC, Episodios, IV: 320) cuenta Galdós que en ese año «adquirió Halconero cama de matrimonio de bronce dorado, según los mejores modelos de una industria moderna, y colchón de muelles elásticos, que eran última novedad.» Los muelles elásticos se colocaron por primera vez en colchones hacia 1820, lo que transformó las camas en lo referente a la comodidad. En la Segunda mitad del siglo XIX se pusieron de moda las camas de bronce.'
; Torquemada empezó a usar chistera de cincuenta reales; disfrutaba dos capas, una muy buena, con embozos colorados; los hijos iban bien apañaditos; Rufina tenía un lavabo de los
de mírame y no me toques
De mírame y no me toques: expr. fig. y fam. 'Aplícase a las personas nimiamente delicadas de genio o de salud, y también a las cosas quebradizas y de poca resistencia' (DRAE, 1884).
, con jofaina y jarro de cristal azul, que no se usaba nunca por no estropearlo; doña Silvia se engalanó con un abrigo de pieles que parecían de conejo, y
dejaba bizca
Dejaba bizca: fam. 'Asombraba' (A. del Río, 1932: 113).
a toda la calle de Tudescos y callejón del Perro cuando salía con la
visita
Visita: 'Prenda del vestido de las señoras, especie de capita o esclavina adornada que se usaba mucho en la época de la novela' (A. del Río, 1932: 113).
guarnecida de abalorio; en fin, que pasito a paso y
á codazo limpio
Á codazo limpio: 'A la fuerza' (A. del Río, 1932: 113).
, se habían ido metiendo en la clase media, en nuestra bonachona clase media, toda necesidades y pretensiones, y que crece tanto, tanto, ¡ay dolor! que nos estamos quedando sin pueblo.
Pues señor: revienta doña Silvia, y empuñadas por Rufina las riendas del gobierno de la casa, la metamorfosis se marca mucho más. A reinados nuevos, principios nuevos. Comparando lo pequeño con lo grande y lo privado con lo público, diré que
aquello se me parecía á la entrada de los liberales, con su poquito de sentido revolucionario en lo
que hacen y dicen
Aquello se me parecía á la entrada de los liberales: El gobierno de los liberales no se distinguía mucho del de los conservadores. Así Rufinita introdujo pocos cambios en la casa de Torquemada.
. Torquemada representaba la idea conservadora, pero transigía, ¡pues no había de transigir! doblegándose a la lógica de los tiempos.
Apechugó
Apechugar: fig. 'Resolverse á una cosa, atropellando los inconvenientes que presenta o venciendo la repugnancia que causa.' (DRAE, 1884).
con la camisa limpia cada media semana; con el abandono de la capa número dos para de día, relegándola al servicio nocturno; con el destierro absoluto del
hongo
Hongo: 'Sombrero de fieltro ó castor y de copa aovada ó chata' (DRAE, 1884). Según Sotelo, (en su edición de Doña Berta, 192): 'el sombrero de hongo (de copa baja, rígida y aproximadamnte semiesférica) estuvo de moda en torno a 1880.' En su artículo 'El elegante', incluido en Obras inéditas, ed. por Alberto Ghiraldo, 10 tomos (Madrid: Renacimiento, 1923), I (Fisonomías sociales): 231-42, escribe Galdós, 'El hongo, que no es más que una atenuación del sombrero alto o redondo, [...] debe ponerse en la categoría de los adefesios. Uno y otro ofenden con su dureza, no dan sombra a los ojoso, caldean la cabeza con su negrura y son de una forma antipática.' (235-35)
número tres, que no podía ya con más sebo; aceptó, sin viva protesta, la renovación de manteles entre semana, el vino a pasto, el cordero con guisantes, en su tiempo, los pescados finos en Cuaresma y el pavo en Navidad; toleró la vajilla nueva para ciertos días, el
chaquet
Chaquet: Según Revenga (2000: 185), 'el chaqué es una chaqueta alargarda con dos faldones que hoy se utiliza como traje de etiqueta. [...] En la época a la que se refiere el narrador, ya eran [el hongo y el chaquet] piezas en desuso como vestimenta habitual.'
con trencilla, que en él era un refinamiento de etiqueta, y no tuvo nada que decir de las modestas galas de Rufina y de su hermanito, ni de la alfombra del gabinete, ni de otros muchos progresos que se fueron metiendo en la casa a modo de contrabando.
Y vio muy pronto D. Francisco que aquellas novedades eran buenas y que su hija tenía mucho talento, porque... vamos, parecía
cosa del otro jueves
Cosa del otro jueves: Véase Díez de Revenga (2000: 111): 'figurado y familiar, no ser cosa extraordinaria aquello de que se habla (DRAE, 1884).'
... echábase mi hombre a la calle y se sentía, con la buena ropa, más persona que antes; hasta le salían mejores negocios, más amigos útiles y explota-
levantar el gallo
Levantar el gallo: fr. fig. y fam. 'Manifestar soberbia ó arrogancia en la conversación o en el trato' (DRAE, 1884). Véase Lassaletta (1974: 150): 'Galdós afirma que los madrileños no pueden protestar demasiado contra ciertos estilos arquitectónicos, dado el que predomina en las iglesias de la villa y corte, y escribe: «Así que no podemos alzar mucho el gallo» (II,V-I, 227), y cuando declara que don Francisco Torquemada iba adquiriendo confianza en sí mismo como consecuencia de su pujanza económica y hasta osaba protestar en público de todo lo que le parecía, escribe: «Atrevíase a levantar el gallo en la tertulia del café».
en la tertulia del café, notándose con bríos para sustentar una opinión cualquiera, cuando antes, por efecto sin duda del
mal pelaje
Mal pelaje: fig y fam. 'El término «pelaje» tiene el sentido de «Disposición y calidad de una persona ó cosa, especialmente del vestido. Úsase, por lo común, con calificación despectiva».' (DRAE, 1884).
y de su rutinaria afectación de pobreza, siempre era de la opinión de los demás. Poco a poco llegó a advertir en sí los alientos propios de su capacidad social y financiera; se tocaba, y el sonido le advertía que era propietario y rentista. Pero la vanidad no le cegó nunca. Hombre de composición homógenea, compacta y dura, no podía incurrir en la tontería de
estirar el pie más del largo de la sábana
Estirar el pie más del largo de la sábana: 'Extralimitarse y salirse de las posibilidades cada uno.' 'Quiere decir que Torquemada se conocía bien a sí mismo y sabía hasta dónde podía llegar.'(A. del Río, 1932: 114).
. En su carácter había algo resistente a las mudanzas de forma impuestas por la época; y así como no varió nunca su manera de hablar, tampoco ciertas ideas y prácticas del oficio se modificaron. Prevaleció el amaneramiento de decir siempre que los tiempos eran muy malos, pero muy malos; el lamentarse de la desproporción entre sus míseras ganancias y su mucho trabajar; subsistió aquella melosidad de dicción y aquella costumbre de preguntar por la familia siempre que saludaba a alguien, y el decir que no andaba bien de salud, haciendo un mohín de hastío de la vida. Te-
la de los pavos
La de los pavos: Nota Caudet (I: 450), 'Recibió [doña Lupe] este apelativo porque su marido, que había pertenecido durante un tiempo a la Milicia Nacional, se dedicó a los negocios y trató con
paveros leoneses zamoranos y segovianos quienes depositaban en sus manos el dinero que ganaban... Este apelativo casaba con su porte arrogante y estirado (y eso que tenía que disimular la amputación de un pecho.'
; en su cara la propia confusión extraña de lo militar y lo eclesiástico, el color bilioso, los ojos negros y algo soñadores, el gesto y los modales expresando lo mismo afeminación que hipocresía, la calva más despoblada y más limpia, y todo él craso, resbaladizo y repulsivo, muy pronto siempre, cuando se le saluda, a dar la mano, por cierto bastante sudada.
De la precóz inteligencia de Valentinito estaba tan orgulloso, que
no cabía en su pellejo
No caber en su pellejo: fr. fig. y fam. 'Estar muy contento, satisfecho ó envanecido' (DRAE, 1884).
. A medida que el chico avanzaba en sus estudios, D. Francisco sentía crecer el amor paterno, hasta llegar a la ciega pasión. En honor del tacaño, debe decirse que, si se conceptuaba reproducido físicamente en aquel pedazo de su propia naturaleza, sentía la superioridad del hijo, y por esto se congratulaba más de haberle dado el ser. Porque Valentinito era el prodigio de los prodigios, un girón excelso de la Divinidad caído en la tierra. Y Torquemada, pensando
En lo que digo de las inauditas dotes intelectuales de aquella criatura, no se crea que hay la más mínima exageración. Afirmo con toda ingenuidad que el chico era de lo más estupendo que se puede ver, y que se presentó en el campo de la enseñanza como esos extraordinarios ingenios que nacen de tarde en tarde, destinados a abrir nuevos caminos a la humanidad. Á más de la inteligencia, que en edad temprana despuntaba en él como aurora de un día espléndido, poseía todos los encantos de la infancia, dulzura, gracejo y amabilidad. El chiquillo, en suma, enamoraba, y no es de extrañar que D. Francisco y su hija estuvieran loquitos con él. Pasados los primeros años, no fue preciso castigarle nunca, ni aun siquiera reprenderle. Aprendió a leer por arte milagroso, en pocos días, como si lo trajera sabido ya del cláustro materno. Á los cinco años, sabía muchas cosas que otros chicos aprenden difícilmente a los doce. Un día me hablaron de él dos profesores amigos míos que tienen
de taravilla
De taravilla: 'Taravilla' tiene los sentidos figurativos y familiares de 'Persona que habla mucho, de prisa y sin orden ni concierto' y 'Tropel de palabras dichas de este modo' (DRAE, 1884). Según Lassaletta (1974: 152), 'Es frecuente referirse al hecho de hablar a velocidad y sin pensar lo que se dice, como suelen hacerlo los niños al recitar de memoria, mediante el verbo «endilgar», o añadiendo a un verbo «dicendi» los complementos de «tarabilla" o «de carretilla».'
, demostrando el vigor y riqueza de su memoria, en el tono con que decía otras se echaba de ver cómo comprendía y apreciaba el sentido.
La gramática la sabía de carretilla, pero la geografía la dominaba como un hombre. Fuera del terreno escolar, pasmaba ver la seguridad de sus respuestas y observaciones, sin asomos de arrogancia pueril. Tímido y discreto, no parecía comprender que hubiese mérito en las habilidades que lucía, y se asombraba de que se las ponderasen y aplaudiesen tanto. Contáronme que en su casa daba muy poco que hacer. Estudiaba las lecciones con tal rapidez y facilidad, que le sobraba tiempo para sus juegos, siempre muy
sosos
Soso: 'Dícese de la persona que carece de gracia y viveza en acciones y palabras' (DRAE, 1884).
e inocentes. No le hablaran a él de bajar a la calle para enredar con los chiquillos de la vecindad. Sus travesuras eran pacíficas, y consistieron, hasta los cinco años, en llenar de monigotes y letras el papel de las habitaciones o arrancarle algún cacho, en echar desde el balcón a la calle una cuer-
Pero sus inauditas facultades no se habían mostrado todavía: iniciáronse cuando estudió
la aritmética
La aritmética: En las 'Notas bibliográficas' de Blas Lázaro é Ibiza de la Universidad de Madrid) de la revista La España Moderna, 100 (abril de 1897), 203-04 referente a la revista de la Aritmética elemental (por las Profesoras normales, María Encarnación de la Rugada y Ramón and María de las Mercedes Tella y Comas) leemos lo siguiente: 'la aptitud especial para las matemáticas, la facilidad para elevarse á las abstracciones de la ciencia pura son propiedad de pocas mujeres y de pocos hombres, de una minoría reducida y acaso menor que en otras en las razas meridionales.'
, y se revelaron más adelante en la segunda enseñanza. Ya desde sus primeros años, al recibir las nociones elementales de la ciencia de la cantidad, sumaba y restaba de memoria decenas altas y aun centenas. Calculaba con tino infalible, y su padre mismo, que era un águila para hacer, en el filo de la imaginación, cuentas por la regla de interés, le consultaba no pocas veces. Comenzar Valentín el estudio de las matemáticas de Instituto y revelar de golpe toda la grandeza de su
numen
Numen: 'Cualquiera de los dioses fabulosos adorados por los gentiles'. También tiene el sentido de 'inspiración' (DRAE, 1884). Según Lassaletta (1974: 34), 'Nos encontramos frente a otro cultismo de los que el novelista emplea para producir humor.'
aritmético, fue todo uno. No aprendía las cosas, las sabía ya, y el libro no hacía más que despertarle las ideas, abrírselas, digámoslo así, como si fueran capullos que al calor primaveral se despliegan en flores. Para él no había nada difícil, ni problema que le causara miedo. Un día fue el profesor a su padre
Newton
Newton: Isaac Newton (1642-1727). En el 'Ensayo de un censo de personajes galdosianos' de Sainz de Robles (1961: 1929), leemos lo siguiente: 'Célebre matemático inglés, inventor de la ley de la gravitación universal, de las fórmulas de los coeficientes del binomio y del cálculo diferencial.' Según Sainz de Robles, se menciona en La desheredada, El amigo Manso, La de Bringas y Torquemada en la hoguera.
resucitado, Sr. D. Francisco; una organización excepcional para las matemáticas, un genio que sin duda se trae fórmulas nuevas debajo del brazo para ensanchar el campo de la ciencia. Acuérdese usted de lo que digo: cuando este chico sea hombre, asombrará y trastornará el mundo."
Cómo se quedó Torquemada al oir esto, se comprenderá fácilmente. Abrazó al profesor, y la satisfacción le rebosaba por ojos y boca en forma de lágrimas y babas. Desde aquel día, el hombre no cabía en sí: trataba a su hijo, no ya con amor, sino con cierto respeto supersticioso. Cuidaba de él como de un sér sobrehumano, puesto en sus manos por especial privilegio. Vigilaba sus comidas, asustándose mucho si no mostraba apetito; al verle estudiando, recorría las ventanas para que no entrase aire; se enteraba de la temperatura exterior antes de dejarle salir, para determinar si debía ponerse bufanda, o el
carrik
Carrik: 'Especie de gabán o levitón muy holgado, con varias esclavinas superpuestas de menor que se usó en la primera mitad del siglo XIX. Toma su nombre de Garrick, célebre actor inglés del siglo XVIII' (A. del Río, 1932: 114).
gordo, o las botas de agua; cuando dormía, andaba de puntillas; le lle-
retoños
Retoños: fam. 'Muchachos' (A. del Río, 1932: 114).
desvergonzados de la presente generación. Su inocencia y celestial donosura casi nos permitían conocer a los ángeles como si los hubiéramos tratado, y su reflexión rayaba en lo maravilloso. Otros niños, cuando les preguntan lo que quieren ser, responden que obispos o generales si despuntan por la vanidad; los que que pican por la destreza corporal, dicen que cocheros, atletas o payasos de circo; los inclinados a la imitación, actores, pintores... Valentinito, al oir la pregunta, alzaba los hombros y no respondía nada. Cuando más,
cerebrazo
Cerebrazo: 'Se usa [el aumentativo] aquí en sentido irónico' (A. del Río, 1932: 114).
, y que en su día habían de iluminar toda la tierra.
Mas el Peor, aun reconociendo que no había carrera a la altura de su milagroso niño,
pensaba dedicarlo á ingeniero, porque la abogacía es cosa de charlatanes
Pensaba dedicarlo á ingeniero, porque la abogacía es cosa de charlatanes: 'En la sociedad española se consideraba la carrera de ingeniero como la más difícil y brillante; en cambio, se menospreciaba la de abogado, sin duda por la gran abundancia de ellos' (A. del Río, 1932: 114). Hay una relación interesante con Doña Perfecta, donde el protagonista, Pepe Rey, sostiene la opinión de que 'La abogacía es una profesión que aborrezco.' Se recuerda también que a Galdós no le interesaban sus estudios de Derecho, a pesar de las esperanzas de su madre que quería que su hijo fuese abogado. En Memorias de un desmemoriado (OC, Novelas, III: 1430) escribe el autor que 'mis padres me mandaron a Madrid a estudiar Derecho, y vine a esta Corte [Madrid] y entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía...'
. Ingeniero; pero ¿de qué? ¿civil o militar? Pronto notó que a Valentín no le entusiasmaba la tropa, y que, contra la ley general de las aficiones infantiles, veía con indiferencia los uniformes. Pues ingeniero de caminos. Por dictamen del profesor del colegio, fue puesto Valentín, antes de concluir los años del bachillerato, en manos de un profesor de estudios preparatorios para carreras especiales, el cual, luego que tanteó su colosal inteligencia, quedóse atónito, y un día salió asustado, con las manos en la cabeza, y corriendo en busca de otros profesores de matemáticas superiores, les dijo: "voy a presentarles a ustedes el monstruo de la edad presente"; y le presentó, y se maravillaron, pues fue el chico a la pizarra, y como quien garabatea por enredar y gastar tiza, resolvió problemas dificilísimos. Luego hizo de
coser y cantar
Coser y cantar: 'Frase figurativa y familiar con que se denota que aquello que se ha de hacer no ofrece dificultad ninguna' (DRAE, 1884).
. Uno de aquellos maestrazos, queriendo apurarle, le echó el cálculo de radicales numéricos, y como si le hubieran echado almendras. Lo mismo era para él la raíz enésima que para otros dar un par de brincos. Los
tíos
Tío: Según Lassaletta (1974: 29-30) es 'palabra muy socorrida para referirse a un tercero despectivamente, casi despojándole de su dignidad. «Hombre rústico y grosero» (DA). Sin embargo, a pesar de este sentido peyorativo, la gente del campo la usa como sinónimo de hombre, persona, señor, o para caracterizar a alguien poco conocido: el tío del perro, etc. Es muy usada también en el argot cuartlero. Aplicado a nuestro interlocutor, es un insulto si no está atenuada por el tono campechano. Según las circunstancias, es capaz de asumir el sentido de una alabanza [...]. El femenino, «tía», suele tener connotaciones más injuriosas o resbaladizas [...].'
aquéllos tan sabios se miraban absortos, declarando no haber visto caso ni remotamente parecido.
Era en verdad interesante aquel cuadro, y digno de figurar en los anales de la ciencia: cuatro varones de más de cincuenta años, calvos y medio ciegos de tanto estudiar, maestros de maestros, congregábanse delante de aquel mocoso que tenía que hacer sus cálculos en la parte baja del encerado, y la admiración les tenía mudos y perplejos, pues ya le podían echar dificultades al angelito, que se las bebía como agua. Otro de los examinadores propuso las homologías, creyendo que Valentín estaba raso de ellas; y cuando vieron que no, los tales no pudieron contener su entusiasmo: uno le llamó el Anticristo; otro le cogió en brazos y se lo puso
á la pela
Á la pela: 'En hombros' (A. del Río, 1932: 115). En gallego 'pela' es 'muchacho ricamente adornado que iba sobre los hombros de un hombre y bailando. Lo común era sacarle en las procesiones del día del Corpus' (DRAE, 1884).
, y todos se disputaban sobre quién se le llevaría, ansiosos de completar la educación del primer matemático
como Cristo niño entre los doctores
Como Cristo niño entre los doctores: Véase Lectura del Santo Evangelio según San Lucas, ii. 46 y 47: 'Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.'
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